Barcelona acogió el pasado
fin de semana la reunión de la junta directiva de la Federación
Europea de Asociaciones Médicas Católicas (FEAMC), con Médicos
Cristianos de Cataluña como anfitriona. Se reunieron médicos del
Norte y del Sur, del Este y del Oeste. Es especialmente destacable
la presencia del presidente de la Secular Hermandad
Médico-Farmacéutica San Cosme y San Damián de Burgos y Madrid,
Alejandro Ridruejo. España también se mueve.
Durante los días de la reunión, se pudo constatar una curiosa
unanimidad: Europa sufre una ola de laicismo, una pujante ideología
que pretende desalojar al cristianismo del Viejo Continente. En el
siglo XX, Europa padeció el marxismo y el nazismo-fascismo, ambos
generadores de millones de muertos e ingentes sufrimientos y también
radicalmente anticristianos. El nazismo, a pesar de pretender hacer
creer que “Dios estaba con ellos”, era un régimen pagano que
despreciaba a la persona humana y al catolicismo y que era proclive
a consultar con adivinos incluso las maniobras militares... Lo
conocía muy bien el Papa Pío XII, que había sido nuncio en Alemania.
Y fueron los norteamericanos los que nos sacaron entonces del
atolladero…
Hoy, el laicismo substituye a las anteriores ideologías y también
combate al cristianismo. Además, causa millones de muertos. Son los
millones de muertos a los que no se permite nacer, los de la
eutanasia (en Holanda, el 50 por ciento de los casos son
involuntarios, según datos oficiales) y los muertos por la
permisividad de la droga. El laicismo causa muertos y recorta
libertades. Cuesta ya en todas partes expresarse libremente sobre
algunos temas como la homosexualidad (por cierto, que la práctica de
la homosexualidad no es antropológicamente correcta), los signos de
nuestra Tradición cristiana se quitan hasta de la nueva constitución
y sólo en 4 países europeos es posible formarse legalmente como
ginecólogo sin tener que practicar abortos.
En el caso de la Medicina, aunque se pretenda disimular (el laicismo
se sirve de las buenas maneras), lo terrible es que cada vez se ve
más al paciente como un pozo de petróleo que se explota hasta que se
seca. Las ideologías que dominaron la primera mitad del siglo XX se
fundamentaron en una parte de verdad. Por ejemplo, los trabajadores
eran frecuentemente explotados, y el comunismo esto lo sabía. Pero
fue mucho peor el supuesto remedio que la enfermedad. También el
laicismo puede argumentar en su favor. Sin embargo, lejos quedan los
tiempos en que las iglesias -todas- agobiaban a la gente. Hoy se
tiene conciencia de que Dios quiere creyentes absolutamente
voluntarios. No se puede ser cristiano a la fuerza como no se puede
practicar una religión sin ritos públicos.
Combatir el laicismo es luchar por el hombre y por la libertad. Ya
se comprende que la laicidad, entendida como la separación legítima
entre la Iglesia y el Estado, y el respeto por las creencias de
todos son necesarios y deseables. No tiene con el laicismo más que
ver que su raíz lingüística. La laicidad respeta las conciencias a
la vez que las creencias. La laicidad respeta la vida y la
propiedad. Laicidad es libertad. El laicismo, que no deja de ser un
credo, como todo esquema de ideas, es una ideología alienadora. Por
eso los médicos católicos europeos coincidieron a la hora de
asegurar que “debe ser combatido y derrotado”.
Dr. J.Mª. Simón
Castellví
Vicepresidente de
la Federación Europea de
Asociaciones Médicas Católicas
25/XI/04