«La vida, la atención a la salud y la dignidad de los seres humanos»
 

Declaración interconfesional de los médicos cristianos

 

FIAMC, Barcelona
13/V/06

Declaración conjunta sobre de la vida, la atención a la salud y la dignidad de los seres humanos, por los médicos cristianos de diferentes denominaciones reunidos en Barcelona en ocasión del 22 Congreso de la FIAMC.


Estamos convencidos del significado y el valor de la vida humana reconocidos por la Tradición cristiana, y percibimos con preocupación los crecientes atentados contra la vida en nuestro tiempo. Deseamos que el mensaje cristiano acerca del respeto a la vida humana y su dignidad pueda ser difundido en la sociedad, sobre todo entre los profesionales de la salud. Quisiéramos contribuir, junto con todos los hombres de buena voluntad, a la extensión de una cultura de la vida en contraste con la creciente cultura de la muerte.

Como médicos cristianos nos comprometemos a actuar firmemente en nuestra profesión de acuerdo con los siguientes principios y orientaciones:

  1. Dios –Creador del universo y Padre de la humanidad, que ha revelado su amor a través de su hijo Jesucristo- ha creado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza desde el primer momento de su existencia. Es precisamente este hecho la base de la dignidad característica de todos los seres humanos y el fundamento de sus necesidades éticas y jurídicas.
     
  2. El hombre es el sujeto, el centro y el fin de toda la actividad humana. En consecuencia, nunca se puede tratar al ser humano exclusivamente como un medio, ni siquiera para alcanzar otro bien.
     
  3. La vida humana, en su dimensión física, constituye un bien fundamental y primario para el hombre. En consecuencia, ninguna acción médica debe atentar contra el bien de la vida humana.
     
  4. El ser humano, desde el momento de su concepción hasta el momento de su muerte natural, debe tener reconocidos ciertos derechos fundamentales. El más importante de todos es el derecho a la vida, la cual requiere protección jurídica.
     
  5. La salud, en cuanto condición favorable para la realización de cada ser humano, constituye un bien que exige ser promovido y tutelado. Así, cada ser humano tiene el derecho de recibir la atención médico-sanitaria posible, sin ningún tipo de discriminación. Hay que tutelar y promover este derecho, con particular urgencia, entre los que carecen de los medios básicos necesarios.
     
  6. La enfermedad y el sufrimiento, aunque representan en general un camino difícil que interpela al hombre a buscar el sentido profundo de dicha experiencia, sólo pueden ser plenamente comprendidos a la luz del misterio pascual de Cristo, quien asumió en sí mismo todo sufrimiento humano. Ante los que sufren, el medico siempre debe ofrecer, además de su conocimiento científico, el consuelo, la comprensión y una verdadera "con-pasión".
     
  7. La muerte es el último paso de la vida terrena y su límite natural. Pero no constituye la última palabra sobre la realidad del hombre: abre la puerta a la plenitud de la existencia humana, a la vida eterna, a la comunión definitiva con Dios. Cuando la ciencia médica ya no ofrece soluciones realmente eficaces hay que aceptar serenamente el hecho de la muerte como término natural del curso de la vida. Nunca es moralmente lícito procurar o anticipar intencionalmente la muerte de un ser humano inocente.

 

FIAMC, Barcelona
13/V/06

 

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