Cuando empecé mis estudios en la Facultad
de Medicina de la Universidad de Minesota en 1984, no sabía que 15
años más tarde, como médico de familia, me dedicaría por completo a
promover la comprensión de la sexualidad humana y de la procreación
desde un punto de vista totalmente contrario a las opiniones más
extendidas y a las prácticas generalizadas de nuestra cultura
contemporánea.
He descubierto que la medicina está
empapada de posturas hacia la sexualidad y la fertilidad que son
incompatibles con los valores cristianos acerca del matrimonio y la
procreación. Estas posturas reflejan y perpetúan la aproximación a
la sexualidad como recreo que se hallan en nuestra cultura laica.
Las experiencias personales,
experiencias de pacientes, mi propia investigación y las
investigaciones y estudios de otros, me llevan al convencimiento de
que existe una postura espiritualmente auténtica y científicamente
correcta frente a la sexualidad y la procreación humana, de la que
carece enormemente la medicina actual, pero que es esencial
recuperar para el auténtico respeto hacia la vida humana en nuestra
cultura.
Tal vez, mi primer encuentro directo
con la doctrina laica de la sexualidad en medicina fue un seminario
universitario sobre "replantearse la actitud frente a la sexualidad
humana" . Parte de este curso incluía varias horas de películas
pornográficas agresivas, usadas para "ampliar" las perspectivas de
los estudiantes sobre la sexualidad humana.
Mientras decidía si asistiría a este
seminario, recé y me dejé aconsejar por los líderes de mi iglesia.
Esta postura me ha ayudado a mantenerme en mi camino en temas
fundamentales desde entonces. Junto con otros compañeros de clase,
decidí no tomar parte en el seminario, y escribí una artículo sobre
mi postura ante la sexualidad y de qué manera afectaría al cuidado
que yo daría a los pacientes que tuviesen posturas distintas a la
mía.
Esto me ayudó a clarificar mis ideas
referentes a cómo podía yo ser consecuente con mis creencias sobre
el valor sagrado de la sexualidad humana y el valor de la castidad,
al tiempo que proporcionaba un cuidado compasivo a los pacientes que
quizás no tuviesen estas ideas. Comencé a aprender cómo tratar a
todos los pacientes con total respeto humano, incluyendo a aquellos
que tomaban decisiones que yo consideraba inmorales.
En las clases de farmacología en la
Facultad de Medicina, se nos enseñaba que la contracepción hormonal
("la píldora" y otros métodos), que no siempre impide la ovulación,
altera el endometrio de forma que se reduce la probabilidad de
implantación en el vientre de vidas humanas acabadas de formar. Un
pequeño grupo de los que estábamos en las clases, decidimos que no
prescribiríamos contraceptivos hormonales. Los que hicimos este
compromiso éramos una Católica, una Baptista y yo, perteneciente a
los Santos de los Últimos Días (Mormones) . No estoy seguro en lo
que respecta a mis compañeros, pero yo he sido fiel a mi decisión a
lo largo de mi preparación y mi práctica médica, y esto me ha
abierto el camino para darles a mis pacientes muchas cosas que de
otro modo no hubiese sido capaz de ofrecer.
El potencial de la contracepción
hormonal para actuar tras la concepción, ofrece un interesante
estudio que contrasta con la medicina moderna. A pesar de que está
reconocido en la mayor parte de documentos ginecológicos y
farmacológicos, la mayoría de ginecólogos lo ignoran, y tampoco hace
eco de ello la información escrita que los pacientes reciben sobre
la contracepción. La evidencia de que la contracepción hormonal
actúa de esta forma no es definitiva, pero lo sugiere. Los pacientes
deberían ser informados sobre todo este tema como un principio
básico: las mujeres y sus maridos necesitan tener la mejor
información médica disponible para poder tomar decisiones sobre
planificación familiar que estén de acuerdo con sus propios valores
y su conciencia moral.
Iba aprendiendo que la píldora podía
actuar como un abortivo, y esto fue el principio para cuestionarme
el valor de los contraceptivos. Durante el MIR en medicina familiar,
evité hacer ligaduras de trompas o vasectomías porque los estatutos
oficiales de los Santos de los Últimos Días rechazan firmemente
estos procedimientos. Al final, me di cuenta de que la fertilidad
forma parte de la salud, y no es una enfermedad, y que hay algo
fundamentalmente contradictorio en las operaciones que buscan
impedir una función saludable del cuerpo.
Con el tiempo y la experiencia
adquirida con mis pacientes, comencé a pensar que cualquier forma de
contracepción tenía efectos nocivos en los matrimonios e incluso en
las relaciones prematrimoniales, aunque no todos lo reconocían. Cada
vez más, tenía la seguridad de que la sexualidad y la fertilidad
están unidas al nivel más fundamental tanto físicamente como
espiritualmente. Comencé a ver más claro lo que puede ocurrir cuando
el hombre intenta deshacer esta conexión.
La unión sexual en el matrimonio
debería ser un don perfecto de cada cónyuge hacia el otro, y cuando
la fertilidad (aunque sea en potencia) se excluye deliberadamente de
este don, estoy convencido de que algo valioso se pierde. El marido
puede comenzar a ver a su esposa como un objeto de placer sexual que
debe estar siempre disponible para su propia satisfacción. Esta
tendencia toma fuerza en la perspectiva reinante de la sexualidad en
nuestra sociedad, que idealiza la erotización y la satisfacción
sexual ilimitadas, pero libres (al menos teóricamente) de cualquier
posibilidad de embarazo. La esterilización y los contraceptivos
hormonales alimentan especialmente esta perspectiva masculina tan
común y enormemente distorsionada (también adoptada por muchas
mujeres).
Las parejas pueden perder de vista
fácilmente por qué tomaron la decisión de evitar los embarazos, y no
tratar el tema durante meses e incluso años, teniendo relaciones
sexuales de manera muy alejada incluso de la idea de procreación.
Existen también efectos secundarios de
mayor o menor naturaleza con cada contraceptivo. En un par de años,
llegué a la conclusión de que no prescribiría en conciencia,
contraceptivos de ningún tipo (abortivos o no), porque sentía que de
algún modo, toda contracepción es perjudicial para el matrimonio y
la salud de los esposos.
No hubiese sido capaz de tomar esta
decisión sobre la prescripción de contraceptivos si no hubiese
aprendido simultáneamente, de forma efectiva, científicamente
correcta y espiritualmente saludable, sobre la planificación
familiar. Existen vías fáciles y precisas de monitorizar e
interpretar los signos de fertilidad en el cuerpo de una mujer. Las
parejas pueden aprender a utilizar estos signos de fertilidad para
planificar la concepción mediante el acto sexual durante los
periodos fértiles, o espaciar los embarazos mediante la abstinencia
sexual durante estos periodos.
Los signos de fertilidad básicos son:
1. Cambios en las secreciones vaginales
durante los periodos de ovulación, que corresponden a secreciones de
la cérvix uterina que permiten al esperma sobrevivir y desplazarse.
2. El aumento de la temperatura basal
corporal, que es una señal de que la ovulación ha tenido lugar.
Con la preparación adecuada, estos
signos pueden ser interpretados de modo fiable, independientemente
del calendario, y de si los ciclos de la mujer son regulares o no.
De hecho, estos fenómenos fisiológicos de la fertilidad humana
tienen aplicaciones que van más allá de un simple método para
planificar la familia "naturalmente", es decir, sin contraceptivos.
Sin embargo, como la expresión "planificación familiar natural"
(PFN) se ha usado mucho para describir el conocimiento básico de los
ciclos de fertilidad e infertilidad del cuerpo de la mujer, además
de su aplicación para espaciar los embarazos, en este texto nos
referiremos a todas las aplicaciones que tiene conocer estos
fenómenos.
Tres métodos modernos de PFN están
respaldados por un conjunto amplio de datos científicos:
1. El método sintotérmico, basado en
las observaciones de secreción vaginal y la temperatura basal del
cuerpo, combinada, en ocasiones, con otros síntomas.
2. El método de la ovulación, también
conocido como el método de la ovulación Billings, de los doctores
John y Evelyn Billings, basado únicamente en las observaciones de
secreción vaginal.
3. El Modelo Creighton, una adaptación
del método de la ovulación que estandarizó protocolos para usarlo y
enseñarlo, desarrollado en la Universidad de Creighton.
Cada uno de estos métodos, tiene una
base sólida de estudios médicos que demuestran una alta efectividad
para evitar el embarazo.
Las parejas que tienen una necesidad
seria de espaciar los embarazos o de evitarlos, pueden hacerlo de
manera fiable utilizando PFN. Muchas parejas afrontan estas
situaciones durante alguna época de su matrimonio. Si no existiera
ninguna alternativa efectiva a la contracepción (más que la
abstinencia total) estaríamos ante una difícil situación.
La abstinencia periódica utilizada en
la PFN para evitar el embarazo, puede resultar un reto, a veces
difícil, pero une a los matrimonios, ya que los dos cónyuges ponen
las necesidades del otro (y del matrimonio) por delante de sus
propias necesidades. Se necesita fe para utilizar la PFN: si no Fe
en Dios, al menos fe en la fuerza del matrimonio, y en el buen
augurio y la capacidad de cada esposo de ceder a una disciplina de
PFN para el bien común de su matrimonio y su familia.
Esta fe se ve compensada con creces:
existe un efecto profundo de "cortejo - luna de miel" entre los
matrimonios que utilizan la PFN, incluso tras años de matrimonio. La
abstinencia del contacto genital durante el periodo fértil evoca un
sentido de "cortejo" periódico, tras el cual, la pareja disfruta de
una "luna de miel" que aumenta el gozo y la capacidad de apreciar la
unión sexual.
Las investigaciones sugieren que la
frecuencia de uniones sexuales entre parejas que utilizan la PFN es
similar a la de la mayoría de parejas casadas que utilizan la
contracepción, pero que se distribuye de forma distinta. Yo he
conocido parejas durante mis años de práctica médica que realizan el
acto sexual por rutina cotidianamente, pero que no experimentan la
satisfacción de su "vida sexual" con la profundidad que lo hacen
aquellas parejas que utilizan la PFN. Dicho de otro modo, la PFN
mejora los matrimonios de un modo que la contracepción no lo hace.
En mi opinión, las parejas que utilizan
la PFN obtienen los siguientes beneficios:
1. Los esposos saben apreciar más
profundamente la fertilidad como un don de Dios más que como un
fenómeno biológico que se puede manipular o un mal que hay que
evitar.
2. Generalmente, consiguen consciente y
rápidamente los embarazos cuando ellos los eligen (los embarazos
"sorpresa" suceden muy raramente entre las parejas que usan la PFN).
3. Se replantean sus opciones sobre
fertilidad periódica y constantemente.
4. En su relación íntima, cada esposo
envía un mensaje implícito y poderoso: "Te acepto completamente,
incluída tu fertilidad".
5. Aprenden a asumir y a ejercer juntos
la responsabilidad sobre su fertilidad.
6. Aprenden que los periodos de
abstinencia de contacto genital pueden hacer una relación más
sólida.
La mayoría de gente que empieza a usar
la PFN no lo hace porque espera experimentar los beneficios en su
relación y su espiritualidad que acabamos de describir. Las
investigaciones sugieren que, al principio, la mayoría están
interesados básicamente en los beneficios saludables: la ausencia de
efectos secundarios y el conocimiento del funcionamiento normal del
cuerpo. Otros comienzan a utilizar la PFN por un compromiso
religioso. Independientemente de la razón por la cual se empieza a
usar la PFN, las investigaciones han demostrado que, comparado con
otros métodos de planificación familiar, una proporción
relativamente alta de usuarios continúa utilizándolo. Y después de
algunos meses de uso, la mayoría de ellos te dicen que han notado
algunos de los beneficios de los que acabamos de hablar, en su
relación.
La diferencia fundamental entre la PFN
y la contracepción resulta más clara cuando las parejas que utilizan
la PFN para evitar el embarazo intentan concebir una nueva vida.
Para las parejas que utilizan la contracepción, la elección de
concebir significa, normalmente, cortar con la contracepción (o
utilizarla de un modo dispar e inconsistente) y "jugársela" o "ver
qué pasa". Aunque algunas parejas que utilizan la PFN pueden
ocasionalmente utilizar estas expresiones, su experiencia es
cualitativamente distinta. De modo contrario a lo que hacen las
parejas que utilizan la contracepción, ellos saben perfectamente que
probablemente se producirá la concepción, aunque no estén planeando
deliberadamente hacerlo. Además, conocen la fertilidad, con los
beneficios y responsabilidades que implica. Todo esto está fuera del
alcance de la pareja que confía en la contracepción para su
planificación familiar.
Este conocimiento tiene el potencial
para hacer descubrir a la pareja el poder divino de la procreación.
Contrariamente a lo que sucede con la contracepción, la PFN no lleva
a desear tener el menor número de descendencia posible. Más bien al
contrario. Al tiempo que capacita a las parejas a evitar los
embarazos de forma fiable, también anima a estas parejas a tener
tantos niños como razonablemente puedan cuidar. Desde una
perspectiva cristiana, esta es una ventaja de la PFN que no comparte
ningún otro método de planificación familiar. La PFN es, por su
propia naturaleza, abierta a la vida.
No quiero decir con todo esto que las
parejas casadas que utilizan la contracepción han de tener,
necesariamente, problemas familiares o conyugales. Conozco muchas
parejas maravillosas que están abiertas a la vida, están
completamente comprometidas con su familia y sin embargo utilizan la
contracepción. Pero estoy convencido de que la mayoría de estas
parejas utilizarían la PFN si tuvieran la oportunidad de entenderla
y conocer las bendiciones que conlleva.
Hay otras dos dimensiones de la PFN que
sólo puedo mencionar brevemente, pero que son de igual importancia
por su valor para espaciar los embarazos. El primero es la gran
esperanza que la PFN ofrece a las parejas que afrontan la
infertilidad. La PFN es el inicio de una postura frente a la
infertilidad que se basa en la regeneración de los procesos
naturales -don de Dios- de la reproducción humana para su
funcionamiento saludable. Esto está en contraste radical con la
mayoría de los esfuerzos que se desarrollan con tecnología avanzada
contra la infertilidad hoy en día, y que tratan la vida humana como
un objeto que se puede manipular científicamente en lugar que una
realidad sagrada. Muchas parejas y muchos médicos utilizan la
fecundación in vitro y otros procedimientos semejantes por su deseo
de fertilidad, para al final encontrarse a ellos mismos afrontando
dilemas morales insospechados tales como qué hacer con los embriones
crio-conservados. La postura de la "procreación natural" a la
infertilidad, que puede incluso incorporar técnicas médicas y
quirúrgicas sofisticadas mientras se utilicen para devolver la
fisiología normal de fertilidad, se basa en el respeto a los
procesos de la procreación humana y a la vida humana en sus estadios
primeros.
Los datos precisos sobre la efectividad
de los planteamientos de la procreación natural (que no recibe
apenas fondos para la investigación, actualmente) todavía se han de
interpretar, pero los datos disponibles me convencen de que este
planteamiento demostrará ser, al menos, tan efectivo como los que se
están utilizando actualmente para tratar médicamente la
infertilidad. (El Instituto Pablo VI para el Estudio de la
Reproducción Humana, en Omaha, Nebraska, lidera el desarrollo sobre
la opción de la "tecnología procreativa natural" para la
infertilidad). Esta aplicación de la PFN será probablemente lo
primero que entrará en el maremagnum de la medicina reproductiva.
Aún así, encontrará una firme oposición de aquellos que invierten
grandes sumas en el sistema actual de tratamiento médico de la
infertilidad.
Otra contribución esencial de la PFN es
la posibilidad que ofrece para la salud ginecológica y reproductiva
de las mujeres. Conocer cuándo y si una mujer está ovulando, y
cuándo y si su sistema reproductor funciona normalmente, es de gran
valor para el diagnóstico y tratamiento de las condiciones que están
relacionadas con el sistema reproductor, tales como el síndrome
premenstrual, hemorragias irregulares, endometriosis y los quistes
de ovario.
La forma más común con diferencia, con
la que los médicos tratan todas estas condiciones -con éxito
variable en el control de los síntomas- es prescribir a las mujeres
las píldoras de control de la natalidad u otros tratamientos
hormonales que suprimen el funcionamiento normal del sistema
reproductor. Por contra, la PFN ofrece la posibilidad de desarrollar
tratamientos médicos que devolverán el funcionamiento normal del
sistema reproductor. Más todavía: la PFN ayuda a la mujer a entender
mejor su cuerpo, permitiéndole conocer exactamente en qué consiste
el tratamiento médico. En mis años de práctica médica, he visto una
diferencia cualitativa cuando he tratado a mujeres que padecen estos
problemas y que utilizan (o están comenzando a utilizar) la PFN para
entender sus ciclos, y aquellas que no los utilizan. Las
investigaciones aumentarán el potencial de esta opción en el futuro.
Al igual que los métodos actuales son
buenos para identificar los periodos fértiles del ciclo menstrual,
estoy convencido de que en el futuro desarrollaremos prácticas más
completas y efectivas. Hay algunas parejas que todavía tienen
dificultades sustanciales para aprender e interpretar sus signos de
fertilidad. Sin embargo, he visto que cuando las parejas que tienen
estas dificultades reciben el mejor apoyo médico y moral posible,
normalmente permanecen en su opción de utilizar la PFN, y son
capaces de superar los momentos difíciles con un matrimonio sólido.
Menos de un 1% de las parejas de los
EE.UU. utiliza la PFN moderna. ¿Por qué no hay más? Entre las causas
están la falta de conocimientos, la imposibilidad de acceder a ella
a distintos niveles, una cultura saturada de contracepción, y temas
intrínsecos de confianza. Además, existe una minoría que percibe la
PFN como "contracepción natural" y que la rechazan al igual que la
contracepción.
En una cultura en la que,
estadísticamente, es muy improbable que alguien conozca a alguien
que utiliza la PFN, es difícil conseguir información adecuada sobre
el tema, y mucho menos apoyo social para usarla. Para usar con
efectividad la PFN se precisa de una instrucción adecuada que ha de
dar un monitor especializado. El número de profesores de PFN
disponibles varía geográficamente, pero es todavía muy limitado en
la mayoría de lugares. Las compañías de seguros no cubren los gastos
médicos de las parejas que utilizan servicios de salud relacionados
con la PFN, aunque es impactante que sí que lo hagan en temas como
la contracepción o la esterilización, aunque esto está cambiando
lentamente.
Los médicos y los profesionales de la
salud están muy poco informados (o mal informados) sobre la PFN
moderna, y normalmente ni comentan la opción con los pacientes. La
primera vez que aprendí sobre PFN no fue a través de mis clases,
sino mediante una serie de clases nocturnas optativas organizadas
por estudiantes de medicina para cubrir temas que no constaban en el
curriculum de nuestra Facultad de Medicina. La mayoría de facultades
de medicina y de programas de educación médica, carecen de
información adecuada y precisa sobre la PFN.
La contracepción se ha convertido en
una práctica tan integrada en la práctica médica que es difícil para
aquellos estudiantes o médicos que deciden no prescribirlo, que se
les permita completar su educación, y en el campo de obstetricia y
ginecología es casi imposible. Yo no atribuyo esto a ninguna
conspiración, sino a la aceptación cultural y la promoción de la
contracepción en los últimos 30 años.
Con respecto a esto, uno no debería
subestimar la influencia y el rol de las compañías farmacéuticas en
la práctica, tan ampliamente aceptada, de la prescripción de
contracepción por profesionales de la salud, ya que quizás ellos son
la única fuente de fondos no estatales para continuar con el estudio
médico y las jornadas y congresos profesionales sobre obstetricia y
ginecología.
De todos modos, la falta de uso de la
PFN no se debe a que la mayoría de mujeres y de parejas están
satisfechos con los métodos contraceptivos modernos. Pocas mujeres
disfrutan realmente con la experiencia física de tomar la píldora u
otros contraceptivos hormonales y con sus efectos secundarios
típicos y atípicos. No he encontrado ninguna mujer que disfrute
realmente teniéndose que poner un diafragma, ni ningún hombre que
prefiera ponerse un condón a la hora de practicar el sexo. Las
investigaciones han demostrado que muchas mujeres y muchos hombres
buscan algo mejor.
No intento juzgar a otros (en especial
a mis pacientes) cuando eligen usar contraceptivos. Sus opciones
acerca de su potencial reproductor están entre ellos y Dios, y están
en su derecho y responsabilidad para determinar por ellos mismos qué
hacer con su fertilidad. En conversaciones con mis pacientes, hago
un esfuerzo para mantener el equilibrio comentando mis consejos
médicos sobre los distintos métodos contraceptivos.
Al mismo tiempo, sin entrar en juicios,
intento transmitir a mis pacientes (hasta el punto que ellos quieran
escuchar) por qué creo que existe una alternativa saludable y
efectiva que está en completa armonía con su fertilidad y con su
dignidad de personas humanas, como hijos de Dios. Les hago saber
claramente lo que puedo y no puedo hacer con mi propia conciencia, y
que tendrán que ir a otro sitio si eligen una opción en la que yo no
puedo participar. Casi todos mis pacientes lo entienden. Aquellos
que eligen que ya no se les prescriban más contraceptivos, casi
siempre vuelven conmigo para el resto de sus cuidados médicos.
He visto que aproximadamente una cuarta
parte de mis pacientes que no ha utilizado la PFN la eligen tras una
conversación conmigo sobre el asunto. Muchos pacientes me visitan
porque están buscando un médico que les ayude en su opción inicial
de usar la PFN. Además de muchos médicos de familia, existe un
creciente número de profesionales en obstetricia y ginecología que
ha tomado la decisión de prescribir sólo la PFN para espaciar los
embarazos, para tratar la infertilidad, y casi todo el resto de
aspectos relacionados con la salud reproductiva. Estoy muy metido en
el trabajo que realiza la Academia Americana de Planificación
Familiar Natural, una organización comprometida dedicada al servicio
y la investigación dentro de un marco de trabajo de total respeto
por la vida y la procreación. He estado como director del Comité de
Ciencia e Investigación, y recientemente como presidente. Que yo sea
uno de los pocos miembros no católicos de la organización no ha
dificultado mi profunda amistad y propósito común con estos
profesionales de la salud.
Es posible que una pareja utilice la
PFN de un modo inadecuado, para limitar su familia egoístamente,
pero creo que es mucho menos probable que suceda con la PFN que con
el uso de métodos artificiales de contracepción.
Desde luego, estoy familiarizado con la
perspectiva católica sobre estos temas. He leído y releído la
Humanae Vitae, la encíclica de 1968 del Papa Pablo VI. Aunque
existen algunos puntos teológicos en los que discrepo, comulgo
totalmente con la visión fundamental de la sexualidad humana y la
vida familiar que la encíclica define de un modo precioso. Creo que
las ideas de la encíclica sólo pueden venir por inspiración divina.
De forma similar, aunque no estoy de acuerdo con todos los puntos
descritos por el Papa Juan Pablo II en la Evangelium Vitae,
encuentro esta visión de la batalla entre la Cultura de la Vida y la
cultura de la Muerte, muy iluminadora.
La resistencia más fuerte a la PFN
permanecerá concentrada probablemente entre aquellos que creen que
el control de la población es el tema más crítico de nuestro tiempo,
porque advierten -sin equivocarse- que la PFN no es tan "fiable"
como muchos métodos de contracepción desde la perspectiva de animar
a la gente a no tener hijos. Como he dicho, los primeros pasos de la
PFN dentro del gran caudal de la medicina, vendrá probablemente al
principio por su potencial para ayudar a las parejas en la
infertilidad.
Al final, espero ver a la mayoría de
profesionales de la salud de los EE.UU. aceptando la PFN como una
opción que debería estar disponible para todas las mujeres y las
parejas. Incluso aquellos que están metidos en la contracepción y en
contra del aborto podrían apoyar esta "opción" adicional.
Existe un número creciente de
profesionales de la salud que promueven los beneficios de la PFN
aunque ven la PFN básicamente como uno entre tantos otros métodos de
contracepción, cualesquiera sean sus ventajas. Muchos de estos
promueven una versión de precaución ante la fertilidad que anima al
uso de métodos de contracepción de barrera (u otras variaciones como
el sexo oral) durante los periodos fértiles -una versión que
mantiene algunos beneficios de salud de la PFN pero que pierde sus
beneficios espirituales.
El valor último de la PFN lo
encontrarán aquellos que aúnen sexualidad y fe. Se darán cuenta de
que la PFN difiere fundamentalmente de la contracepción en que
coopera con el don divino de la fertilidad, más que buscar
suprimirla o destruirla, y que cooperar con el don divino de la
fertilidad trae bendiciones espirituales al tiempo que beneficios
médicos. La PFN devuelve la conexión entre sexo y procreación,
mejora el matrimonio y ayuda a la virtud de la castidad. Ayuda a los
esposos a ver al otro como personas y creadores de personas de forma
apropiada, ya que es en la procreación donde la gente percibe su
dignidad de hijos hechos a imagen de su Padre.
Joseph B. Stanford, doctor en Medicina,
es Catedrático de Medicina Familiar y Preventiva en la Universidad
de Utah (EE.UU.), y fue hasta hace poco Presidente de la Academia
Americana de Planificación Familiar Natural. Partes de este
documento se han adaptado de un ensayo que apareció en Physicians
Heales (One More Soul). (Traducido por Victor A. Ramia).
Dr. Joseph B. Stanford
First things nº 97
XI/1999